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Por Pablo Calvo.
pcalvo@clarin.com
De: Clarín de Buenos Aires
Los armarios del mayor museo de ciencias naturales del país desbordan de piezas paleontológicas robadas y recientemente recuperadas. Son 2.675 ejemplares, confiscados en los últimos dos años a turistas, ladrones y traficantes de estos tesoros prehistóricos, únicos en el mundo y cotizados como el oro en el negocio de los objetos culturales. Están en armarios repletos del Museo Bernardino Rivadavia, al costado del Parque Centenario. Hay restos de mamíferos, equinodermos, cangrejos, trilobites, placas de gliptodontes y leños petrificados de entre 100 y cinco millones de años. Son tantos que con ellos se podría armar la mayor muestra paleontológica del país, una idea insólita, porque se exhibirían exclusi vamente piezas extraídas en forma ilegal, pero que tiene chances de concretarse antes de fin de año, revelaron a Clarín autoridades del museo.
La Argentina es uno de los principales yacimientos mundiales de fósiles de la más variada edad: los hay desde prácticamente la formación de la corteza terrestre. Pero la falta de políticas de protección paleontológica que hubo durante décadas la han convertido en abastecedor del multimillonario mercado negro que recorre naciones pobres y termina blanqueado en países centrales. Se transformó, de acuerdo a la definición policial recogida por Clarín, en "un país de tránsito" para este comercio.
Recién ahora, cuando piezas irrecuperables ya fueron sacadas del país, subastadas en Estados Unidos, ofrecidas en ferias de Europa o vendidas por Internet a precios que van desde los cinco dólares hasta los 80 mil por unidad, se están confeccionando los primeros escudos.
A comienzos de la gestión de Néstor Kirchner, el Congreso sancionó una ley de protección del patrimonio arqueológico y paleontológico que establece la propiedad del Estado sobre estos bienes, incluso los que estén en propiedad privada, prohíbe las exportaciones y obliga a los responsables de una excavación a denunciar cada descubrimiento.
La ley lleva dos años en vigor, pero el Estado aún no recaudó un centavo por las multas que deberían aplicarse a quienes acopian estas piezas, alentados por la falta de sanción. Tampoco hay condenados y sólo se consiguió extraditar al Perú a un ciudadano tucumano que traía vestigios del de la civilización inca y los comercializaba desde Córdoba.
El negocio de los objetos culturales -- en el que se incluyen los fósiles -- es el tercero en el mundo, detrás del tráfico de drogas y la venta de armas. En la Argentina, la incidencia es menor, pero presenta signos de cuidado, como la sucesión de robos a museos en los últimos años y la aparición de los "botines" en otros países. Hoy están vigentes reclamos de la Cancillería por huevos de dinosaurio con embriones y otras piezas sacadas ilegalmente de la Patagonia y transportadas al exterior, para ser vendidas finalmente en Estados Unidos. En uno de los casos actuó hasta el FBI (ver Insólita disputa...).
Las 2.675 piezas que desbordan los pasillos y armarios del museo Rivadavia, órgano de aplicación de la nueva ley, forman parte del primer inventario que se hace en el país de piezas recuperadas en 14 causas abiertas entre junio de 2003 y el mes pasado. Los expertos estiman, además, que se trata de "una cantidad muy baja" en proporción al volumen global de objetos que son llevados más allá de la frontera.
A fines del año 2000, fueron secuestradas unas 15 mil piezas arqueológicas y paleontológicas en pleno microcentro porteño. Están sospechados los comerciantes Eduardo Janeir y Carlos Languasco, según fuentes judiciales. Hay una causa abierta, pero sin sanciones firmes.
Los corresponsales de Clarín, sobre todo los que trabajan en la Patagonia o en las provincias de la Cordillera de los Andes (que en el pasado constituían el fondo del océano Pacífico), vienen incrementando la frecuencia de sus reportes sobre robo de fósiles. Son noticias de un saqueo. Aquí su actualización:
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